He orado por docenas de enfermos, heridos o discapacitados durante los últimos años en hospitales, hogares, la capilla de la iglesia y en el Santuario al final de cada servicio de domingo por la mañana. Dios siempre responde.  La oración siempre marca la diferencia.  Pero la diferencia no siempre es dramática y obvia porque la oración no cancela ni suspende la red particular de restricciones que están trayendo algún resultado a la existencia.  La oración es el medio a través del cual la acción específica de Dios trabaja en y a través de esa red, trayendo alguna sucesión de eventos a un resultado diferente al que de otro modo habría sido. 

Algunos no piden oración porque creen que les falta la fe para ser sanados. Sin embargo, un examen cuidadoso de las 26 sanaciones bien documentadas realizadas por Jesucristo revela que, en al menos seis casos, ni la persona sanada ni aquellos asociados con él/ella demostraron fe alguna [Pool of Bethesda, Juan 5:1-17; Shriveled Hand, Mat 12:9-14; Deceased Son, Lucas 7:11-17; Born Blind, Juan 9:1-38; Bent Double, Lucas 13:10-17; Dropsy, Lucas 14:1-6].  Según la Escritura, la única persona que necesita fe es la persona que proporciona la actividad de sanación, ¡no la persona que recibe la actividad de sanación!  (Ver también Secciones 6.1 y 6.3 del Rincón de Teología)