Dios se dice que es infinito en Sus atributos de ser, sabiduría, poder, santidad, justicia, bondad y verdad.  Esto significa que Él es santo más allá de la comprensión.  En palabras de Richard Watson:

 

“La santidad en Dios es más que una mera ausencia de mal moral; más que aprobación, e incluso deleite en la bondad moral; más que simple aversión y desagrado ante lo que es contrario a ello… La santidad de Dios es tan intensa, que lo que sea opuesto a ella es objeto de un desagrado activo, de odio, de oposición y resistencia, y que este sentimiento es inflexible y eterno.  De acuerdo con esto, Dios es, en la Escritura, dicho ser de ojos más puros que para ver la iniquidad (Habacuc 1:13) – y se nos enseña que los pensamientos de los malvados son una abominación para el Señor. (Proverbios 15:26)” (Watson, v2, p 89)

 

¿Cómo podría interactuar un Dios así con una nación cuyos pueblos dicen cada vez más: tenemos derecho a nosotros mismos; podemos ser gobernados por nuestra propia inteligencia, corazón y voluntad; podemos abrazar el humanismo; podemos rechazar a Dios?  ¿Qué podría hacer un Dios así con una nación cuyos pueblos abrazan todo tipo de perversión sexual a pesar de las claras advertencias (Ge 19:1-13; Levítico 18:22, 20:13; Romanos 1:26-27; 1 Corintios 6:9; 1 Timoteo 1:10; Judas 7)?  ¿Cómo podría responder un Dios así a una nación cuyos pueblos se deleitan en el asesinato de bebés en el vientre?  Quizás la respuesta esté en la Escritura: Es cosa temible caer en las manos del Dios vivo.  (Hebreos 10:31)

(Ver también Secciones 4.1 del Rincón de Teología)