La mayor parte de la humanidad ve a Jesús como un buen y elocuente individuo – quizás incluso un profeta – que ofreció principios elevados, enseñanzas sólidas y un gran liderazgo; pero, con absoluta certeza, Jesús no era Dios cuando caminó por la tierra y no es Dios hoy.  Sin embargo, el hecho de que Jesús afirmara ser Dios hace que esta creencia sea irracional (Capítulo 9, “La Identidad de Jesús,” Manual Cristiano de Razón y Perspectiva para Científicos y Tecnólogos).  Jesús era o Señor, o mentiroso, o lunático.  Si no era Dios, entonces era un mentiroso o un lunático.  Ni un mentiroso engañoso ni una persona loca pueden ser vistos como un gran maestro o un gran líder moral de los hombres.

Además, incluso entre los cristianos, que no marginalizan la identidad de Jesús, hay una tendencia a marginalizar la importancia de la expiación sustitutiva.  En palabras de Oswald Chambers:

 

“Los movimientos pietistas de hoy no tienen nada de la dura realidad del Nuevo Testamento; no hay nada en ellos que necesite la Muerte de Jesucristo; todo lo que se requiere es una atmósfera piadosa, y oración y devoción.  Este tipo de experiencia no es sobrenatural ni milagrosa, no costó la pasión de Dios, no está teñida en la sangre del Cordero, no está sellada con la marca del Espíritu Santo; no tiene esa marca que hace que los hombres digan, mientras miran con asombro y maravilla – “Ese es el trabajo de Dios Todopoderoso.”  Eso y nada más es de lo que habla el Nuevo Testamento. 

El tipo de experiencia cristiana en el Nuevo Testamento es el de una devoción personal y apasionada a la Persona de Jesucristo.  Todo otro tipo de experiencia cristiana, así llamada, está desvinculada de la Persona de Jesús.  No hay regeneración, no hay ser nacido de nuevo en el Reino en el que vive Cristo, sino solo la idea de que Él es nuestro Patrón.  En el Nuevo Testamento, Jesucristo es Salvador mucho antes de ser Patrón.  Hoy se le está despachando como el Jefe de una Religión, un mero ejemplo.  Él es eso, pero es infinitamente más; Él es la salvación misma, Él es el evangelio de Dios.”  (Chambers, 29th de noviembre)