Hace muchos años, un misionero, en el lejano oriente, me describió su Teología de Walmart. Supongamos, hipotéticamente, que estás tratando de decidir si solicitar un trabajo en Walmart.  En aquellos días, la solicitud de empleo por internet no existía.  Tenías que caminar físicamente a través de la puerta y solicitarlo. 

¿Qué pasaría si conduces al estacionamiento de Walmart temprano en la mañana y te arrodillas frente a la puerta?  Dices: “Dios Todopoderoso, si esa puerta se abre cuando no hay nadie más cerca, entonces sabré que debo entrar y solicitar un trabajo en Walmart.” Mi amigo misionero dijo: “Ese enfoque suena muy espiritual; ¡pero la puerta nunca se abrirá!  Dios es un Dios de acción.  Él espera que te levantes y atravieses la puerta. Puede que no consigas el trabajo.  O puede que consigas el trabajo y, después de un tiempo, decidas que no es el trabajo adecuado para ti.  Pero hasta que te levantes y atravieses la puerta, tu vida está en neutral.”  El punto del misionero era que la vida puede pasarnos de largo mientras esperamos la zarza ardiente.  A veces, pero no siempre, solo tenemos que arriesgarnos y dar un paso en fe sabiendo que las apuestas son altas.

Se hizo la suposición tácita, en el escenario anterior, de que Dios no respondió a la oración por un trabajo en Walmart.  Pero hay otra perspectiva.  Quizás Dios dio la respuesta de silencio, un silencio que empodera.  Dios puede haber dado el silencio de Su placer, no el silencio de tu desesperación.  Podrías decir: “Sé que Dios me ha escuchado; Su silencio es prueba.”  Quizás el silencio es una señal de intimidad y no de abandono.

(Ver también las Secciones 5.1, 5.2, 5.3, 5.4, 5.5 y 5.6 del Rincón de Teología)