Pelagio fue un contemporáneo de Agustín que enseñó que nadie nace con una naturaleza pecaminosa y que nuestra inteligencia humana, sabiduría y fuerza de voluntad son suficientes para superar el pecado si este aparece. El pelagianismo fue condenado en el Concilio de Éfeso en el año 431 d.C. El semi-pelagianismo, una ligera variación, enseñó que, además de la inteligencia, sabiduría y fuerza de voluntad humanas, Dios puede ser útil para superar tipos de pecado particularmente virulentos. El semi-pelagianismo fue condenado en el Concilio de Orange en el año 529 d.C.
Los calvinistas etiquetan a todos los cristianos de persuasión Bautista del Sur Tradicional, Wesleyana/Arminiana como herejes que promulgan alguna forma de pelagianismo. Los Wesleyanos/Arminianos devuelven el sentimiento acusando a los calvinistas de blasfemar contra el Espíritu Santo al asignar todo el mal de Satanás a Dios según la Confesión de Westminster de 1646 – Dios desde toda la eternidad, por el consejo más sabio y santo de Su propia voluntad, ordenó libre y inmutablemente todo lo que sucede. Esta gran controversia teológica ha dividido iglesias, destruido la comunión cristiana y tenido un impacto negativo en la evangelización y el discipulado. El análisis revela que no hay punto de compromiso entre el calvinismo y el arminianismo; si uno es correcto, el otro es una completa mentira.
Arminio permitió que las acusaciones de pelagianismo circularan durante dos años antes de responder a ellas en su Disculpa Contra Treinta y Un Artículos Difamatorios. No era pelagiano, pues creía profundamente en la naturaleza pecaminosa. Creía que estamos caídos y no podemos, sin la ayuda de la gracia preveniente, ejercer nuestra capacidad de libre albedrío al elegir la justicia. Dijo: “En este estado, la libre voluntad del hombre hacia el verdadero bien no solo está herida, mutilada… sino que también está encarcelada, destruida y perdida.” Continúa escribiendo: “La mente, en este estado, está oscura, desprovista del conocimiento salvador de Dios, y, según el Apóstol, incapaz de aquellas cosas que pertenecen al Espíritu de Dios. Porque el hombre animal no tiene percepción de las cosas del Espíritu de Dios.” Además escribe: “Exactamente correspondiente a esta oscuridad de la mente, y perversidad del corazón, está la total debilidad de todos los poderes para realizar lo que es verdaderamente bueno, y para omitir la perpetración de lo que es malo.” Finalmente dice: “Se sigue que nuestra voluntad no es libre desde la primera caída; es decir, no es libre para hacer el bien, a menos que sea hecha libre por el Hijo a través de Su Espíritu.” (Arminio, citado en Grider, p 244) Las enseñanzas de Arminio fueron solidificadas por los Cinco Artículos de Remonstrancia en 1610 y refinadas aún más por Juan Wesley.
(Ver también las secciones 4.9 y 4.10 del Rincón de Teología)
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